#66: Globalización y comunicación: ¿te estás enterando de todo?

Con Internet y un portátil...

Con Internet y un portátil…

Hace muy poco tiempo publicamos en este mismo blog una entrevista en que no solo se hablaba del auge de los espacios de coworking (nosotros mismos trabajamos en uno), sino también del gran porcentaje de coworkers extranjeros en estos espacios. Esto pasa también en nuestra casa, MeetBCN, donde cada reunión para comer juntos allí mismo, o ya para divertirse fuera de la oficina, transcurre en como mínimo tres idiomas diferentes. No es ningún secreto que nuestro país, y sobretodo Barcelona, ha atraído y sigue atrayendo a millones de personas cada año por su clima y por su calidad de vida, pero ahora estas personas lo tienen mucho más fácil para quedarse y trabajar desde aquí. Nuestros compañeros extranjeros de MeetBCN son en su mayoría emprendedores que viven en el país en el que desean vivir, no necesariamente en el que originalmente estén sus clientes.

Además, más allá del mundo de las grandes multinacionales que se expanden a lo grande con inversiones elevadas, la omnipresencia de Internet y los innumerables servicios que ofrece han abierto las puertas de la internacionalización y la deslocalización también para las pequeñas empresas. La mejora de las comunicaciones y el hecho de que todo el mundo tenga ya una página web (de lo contrario es como si no existiese) facilita en gran medida la externalización y el contacto con empresas locales o extranjeras con las que colaborar: ya no siempre necesitamos un enlace local, ni siquiera viajar al país, podemos buscar información sobre la reputación de esta empresa y comprar directamente los productos que necesitemos. Y no solo componentes, sean del tipo que sean, Internet nos ha permitido importar talento: buscar y contratar a los mejores profesionales, que no lo olvidemos, ni siquiera necesitan trasladarse desde su país de origen si ellos lo desean y la empresa lo permite.

Todo esto ha incrementado el número de comunicaciones en diferentes idiomas, tanto externas (destinadas al cliente o cliente potencial) como internas (entre trabajadores o proveedores). Normalmente se da mucha más importancia a las comunicaciones con el cliente, y desde luego estas pequeñas empresas deben aprender ahora lo que las grandes multinacionales ya han aprendido (muchas veces por las malas): para poder ser internacionales hay que conocer bien el mercado en el que se quiere entrar. ¿Os acordáis del famosísimo Mitsubishi Pajero o del más reciente Nokia Lumia? Pero pongamos un ejemplo muy convencional en este momento y que muestra la importancia de la comunicación a todos los niveles, el desarrollo de un producto tecnológico del que os puedo contar un par de anécdotas.

Multitud de empresas utilizan hardware chino, que puede tener firmware desarrollado en Corea o Japón y para el que crean software usando programadores de sus respectivos países, programadores que pueden a su vez reutilizar código o aplicaciones creadas por otros programadores de otras nacionalidades. En este caso, el desarrollo del producto se complicó hasta el infinito por la dificultad de comunicarse con los proveedores en China, hasta el punto en que para ponerse de cuerdo sobre si la máquina en cuestión tenía o no un componente (por e-mail, en algo que se parecía al inglés pero no lo era, no lo consiguieron) los programadores tuvieron que enviar fotos del despiece de la máquina.

Una vez finalizado el producto, ¿nos limitaremos a venderlo en nuestro país o querremos exportarlo? Desgraciadamente, en el momento de comercializar el producto la empresa no aprovechó el conocimiento de sus trabajadores en el mercado local, no tuvieron en cuenta las características especiales de sus potenciales clientes, y la competencia se los comió vivos.

Este caso parece un poco extremo. Sobre el papel, nadie cometería este tipo de errores, pero sin embargo es completamente real. La comunicación desempeña un papel muy importante en todos los aspectos de nuestro negocio, y si esto es así entre colegas que hablan el mismo idioma, cuánto más cuando añadimos a la ecuación diferentes lenguas y culturas. El contexto de crisis en que nos encontramos hace que sea muy tentador reducir costes en los aspectos que parecen menos importantes. No obstante, no debemos olvidar que el éxito de nuestro proyecto puede depender de ese pequeño extra que puede marcar la diferencia entre entenderse de verdad o no hacerlo. ¿Vale la pena el riesgo?

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